Marcelo había considerado al oyster bar como un refugio de tranquilidad donde el tiempo parecía detenerse mientras elaboraba sus famosos cócteles. sin embargo, un día su destino se entrelazó con el de dylan, un joven millenial presumido y adicto a las redes sociales que había sido designado como ayudante contra la voluntad de ambos; y también con anna, una periodista española que deseaba escribir sobre la vida de marcelo. estos dos encuentros revolucionaron su existencia para siempre.
